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Madam C.J. Walker: una lavandera que se convirtió en empresaria millonaria

Siempre se ha dicho que para alcanzar los sueños solo hace falta hacerlos posible y esa es la historia de Sarah Breedlove, mejor conocida como Madam C.J. Walker, la fundadora de una importante  y una importante filántropa estadounidense, que hoy es considerada la primera mujer afroamericana en hacerse millonaria en los Estados Unidos de América. 

El principal mérito de esta mujer, se debe no solo a su constancia, tesón, persistencia y educación, sino a que lo logró contra todo pronóstico en un país que durante la segunda mitad del siglo XIX estuvo marcado por profundas diferencias sociales surgidas de la esclavitud, el racismo degenerados de la guerra civil. 

Así, contaremos a continuación cómo una lavandera de Luisiana pasó a ser una empresaria millonaria. 

Inicios

Nacida en Delta (Luisiana)  un 23 de Diciembre de 1867, Sarah Breedlove era la primera hija libre de una familia de esclavos emancipados conformada por sus padres y sus otros cinco hermanos. 

Eran tiempos difíciles para la población afroamericana en aquellos tiempos, en los que el racismo y el extremismo eran un problema de cada día, más aún en el sur de los Estados Unidos, donde había resentimientos aún por la recientemente culminada Guerra de Secesión muy a pesar de la Proclamación de Emancipación que la administración de Abraham Lincoln había realizado el 1 de Enero de 1863, en plena guerra civil. 

Era también una época difícil en donde las mujeres tampoco tenían igualdad de derechos en detrimento con los hombres, razón por la cual parecía difícil que una mujer y de paso, afroamericana, pudiese alcanzar el éxito como lo haría Breedlove. 

Sarah quedó huérfana a muy corta edad, pues en 1872 su madre murió de cólera. Posteriormente su padre contrajo matrimonio por segunda vez, pero falleció al poco tiempo. Así, tuvo que mudarse con su hermana mayor y su cuñado Willie Powell al Mississippi. 

En esta fase de su vida debió trabajar en las granjas de algodón como recolectora y también realizó tareas domésticas. En esta época fue víctima de maltrato por parte de su cuñado. Con catorce años contrajo matrimonio con Moses McWilliams y tres años después tuvo a su hija, Lelia. Moses falleció dos años después del nacimiento de la niña. 

Enviudó cuando su hija tenía 2 años y ella apenas era una joven de 20. Así, se vió obligada a mudarse a San Luis, lugar donde tres de sus hermanos vivían del negocio de la barbería de caballeros. 

En esta ciudad consiguió trabajo como lavandera, pero tenía un sueldo paupérrimo de apenas un dólar por día. Sin embargo, estas condiciones paupérrimas de trabajo no la detendrían; Estaba resuelta a darle educación formal a su hija a cualquier costo y si debía trabajar hasta más no poder, lo haría. 

La vida de Sarah hasta ese momento reunía todos los componentes necesarios para que su vida acabase de manera dramática:

Había nacido en una plantación y era hija de esclavos emancipados, con apenas siete años quedó huérfana, a los catorce tuvo que casarse, a los dieciocho alumbró a una niña y con veinte años se convirtió en madre soltera por el fallecimiento de su primer esposo. 

Habían pocas probabilidades de que una mujer negra, especialmente con todas estas vivencias, pudiese destacar en los Estados Unidos de comienzos de siglo: desiguales por naturaleza y expertos en discriminar por el color de piel.

Pero muy a pesar de las dificultades, a la joven Sarah le deparaba un destino mucho más luminoso que aquél que se le presentaba en ese momento. 

Madam C.J. Walker Manufacturing Company

En aquella época muchas mujeres afroamericanas sufrían de problemas del cuero cabelludo y de caída del cabello debido a una serie de factores tales como la mala alimentación, los pocos hábitos de higiene y los productos que se empleaban en aquél entonces para la manufactura de jabones para el cabello y lavar ropa tales como la soda cáustica (conocida también como sosa) y otros más.

Este químico es considerado demasiado fuerte para ser utilizado en productos de limpieza e higiene corporal. 

En aquél entonces la mayoría de la población estadounidense adolecía de falta de agua corriente y calefacción en sus hogares, razón por la que se bañaban y aseaban el cabello con poca frecuencia. Por estas razones Sarah padeció de trastornos capilares también debido al estrés que le causaban sus intensas horas de trabajo. 

Debido a los problemas relacionados al cuero cabelludo que había desarrollado, adquirió mucha experiencia con el cuidado del cabello gracias al negocio de la barbería que regentaban sus hermanos, quienes expertos en la materia, le transmitieron conocimientos de cómo tratar sus afecciones. 

Sarah siempre fue una mujer con gran visión y tesón, por lo cual se percató que muchas mujeres como ella también sufrían de dolencias similares y vio una oportunidad de negocio sumamente lucrativa. Así, comenzó a experimentar con productos para el cuidado del cabello comprados en tiendas y con remedios caseros, buscando una fórmula efectiva que la ayudase a frenar y prevenir la pérdida de su cabello.

En 1890 sus hermanos le presentaron a la empresaria afroamericana Annie Turnbo Malone, quien era una experta  fabricante de  productos para el cuidado del cabello. La mujer ofrecía un producto para el cabello encrespado que favorecía el crecimiento del cabello y ella, como padecía de alopecia, aceptó trabajar par Turnbo a cambio del producto que esta había ideado. 

Así, la mujer adquirió conocimientos suficientes para crear una línea de productos especiales para mujeres negras.  Pronto comenzó a experimentar en la cocina de su casa hasta que creó una crema para el cabello a la cual llamó “Wonderful Hair Gromer”.  Este sería el primero de muchos productos que le darían el renombre a su futura empresa. 

En 1905 cambió su domicilio a Denver y un año después conoció a su tercer marido, Charles Joseph Walker, quien era vendedor de publicidad en periódicos al cual conocía de sus años en Missouri. Este hombre, además de su esposo, se convirtió en su socio comercial y le ayudó anunciado sus productos en los periódicos.

Después de seis años se divorciaron, aunque ella mantuvo su nombre y lo empleó como marca: El maravilloso “Hair Grower de Madam C.J. Walker”. Así nacía su empresa y comenzaba a distribuir el producto a través de ventas de puerta en puerta, mientras que paralelamente enseñaba a las mujeres la forma de utilizarlo para peinar el cabello y hacerlo crecer. 

Sarah se caracterizó por ser una mujer sumamente carismática capaz de vender el producto a cualquiera que se propusiera, por lo que en poco tiempo comenzó a realizar pedidos por correo desde Denver. Leila, su hija, cambió su apellido oficialmente para que coincidiera con el de su madre y se hizo llamar A´leila Walker, encargándose de la operación de pedido por correo. 

Con todo esto lo que sería la idea de una humilde lavandera de Louisiana se convirtió en un imperio dedicado a la belleza de mujeres negras, que en la actualidad ofrece empleo a cerca de 25000 vendedoras distribuidas a lo largo y ancho de todo Estados Unidos. Las oficinas principales de la empresa se encuentran en Indianápolis. 

Allí también hay una fábrica, un salón de belleza y una escuela de belleza que se especializa en el entrenamiento de sus agentes de ventas. También cuenta con un laboratorio que realiza investigaciones sobre nuevos productos e ingredientes; La empresa, además de encontrarse todo el país norteamericano, también tiene negocios en Cuba, Jamaica, Haití, Panamá y Costa Rica. 

Filantropía, Activismo y Legado

Otra actividad que llevó a cabo por medio de su empresa fue la de enseñar a otras mujeres cómo presupuestar y ser independientes financieramente hablando. Para el año 1917 pudo celebrar una conferencia en Filadelfia donde alentaba a otras mujeres a aprender habilidades comerciales y económicas. Su conferencia contó con más de 200 asistentes. 

Aquella conferencia sería la primera reunión nacional de mujeres emprendedoras de la historia de los Estados Unidos, marcando un hito importante en su carrera como empresaria y filántropa. 

A´Leila, su hija, adquirió entonces el cargo de la administración de la empresa y ella se dedicó principalmente a actividades de activismo y filantropía. Entre sus más conocidas prácticas destacan la donación de más de 100 mil dólares a varios orfanatos e instituciones sociales. 

Walker murió en 1919 debido a la hipertensión. En su testamento declaró que los dos tercios de todas las ganancias futuras que adquiriera la empresa serían donadas a organizaciones benéficas, muestra de su marcada filantropía. Para el año de 1993 se le incluyó en el salón Nacional de la Fama de la Mujer como reconocimiento a su trayectoria y legado.

Esta mujer sin lugar a dudas es un ejemplo de superación y de luchas personales, impulsadas por su espíritu incansable y emprendedor. Sin lugar a dudas Madam Walker es un ejemplo, pues logró abrirse un hueco en un mundo empresarial dominado por hombres y racistas. 

Walker no es solamente un motivo de inspiración para la comunidad afroamericana estadounidense, sino que también es un ícono y ejemplo para mujeres emprendedoras ya que capacitó a miles de estas para que aprendiesen a generar negocios lucrativos y exitosos. 

Tal es su impacto e importancia, que muchos la consideran la primera mujer afroamericana realmente rica de la historia de los Estados Unidos y no es para menos, tomando en consideración la enorme cartera de clientes que la empresa ostenta en la actualidad y su nada despreciable nómina de vendedoras. 

Hablar de Walker es sin dudas hablar de una historia épica: Racismo, Machismo, Superación, Ascenso Social y motivación. Al punto, que su vida es transmitida a través de una serie en Netflix, mostrando su inspiradora historia como un ejemplo más de crecimiento y superación a pesar de las adversidades.

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